EL BIENESTAR ANIMAL EN EL MARCO DE LA NUEVA PAC

Xavier Manteca
Facultad de Veterinaria
Universitat Autònoma de Barcelona
08193 Bellaterra (Barcelona)

*Presentado en el 4º Seminario Anembe de Producción de Vacuno de Carne
Fotos: fondo editorial



1. Introducción
La preocupación por el bienestar de los animales de granja ha aumentado considerablemente en los últimos años en Europa y en otros países (Appleby et al., 1992). En el caso concreto de la Unión Europea, esta preocupación se ha traducido en la elaboración de varias directivas que establecen normas mínimas para la protección de los animales de granja, tanto en las explotaciones ganaderas como durante el transporte y sacrificio; dichas directivas son de cumplimiento obligatorio en todos los estados miembros de la UE. Además, la exigencia por parte de los consumidores de que se garantice el bienestar de los animales se ha convertido en un condicionante importante en producción animal. Aunque tradicionalmente se ha dicho que esta preocupación es mayor en los países del norte de Europa, un estudio reciente-cuyos resultados todavía no se han publicado- parece indicar que existen muy pocas diferencias entre los países del norte y los del sur. Otra conclusión importante de dicho estudio es que los consumidores europeos consideran que la falta de bienestar de los animales de granja es simplemente uno más de los varios problemas causados por la ganadería intensiva, entre los que destacan los relacionados con la seguridad de los alimentos y el medio ambiente. Además, la percepción del consumidor europeo es diferente según la especie animal o el producto que se considere; así, la producción de huevos y de carne de pollo es la que tiene una imagen más negativa, mientras que la producción de leche de vaca o de carne de cordero es la que tiene una imagen más positiva. La producción de carne de vacuno ocupa –junto a la de carne de cerdo- una situación intermedia. Todo parece indicar que el bienestar animal adquirirá todavía más
importancia en la UE a raíz de la nueva PAC. En esta ponencia discutiremos en primer lugar algunas ideas generales sobre bienestar animal y describiremos a continuación la situación actual y las perspectivas de cambio en la legislación europea sobre bienestar animal en bovino de carne.

2. Concepto de bienestar animal. Indicadores de bienestar
El estudio del bienestar animal puede abordarse desde distintos puntos de vista. Algunos autores (Duncan, 1996) definen bienestar como ausencia de sufrimiento; aunque esta definición tiene la ventaja de ser muy intuitiva, presenta la dificultad de que el sufrimiento de un animal no puede cuantificarse de forma objetiva. Por esta razón, otros autores (Broom, 1986) adoptan una perspectiva más amplia y definen el bienestar como una medida de la adaptación de los animales a su ambiente. De acuerdo con esta definición, un animal puede encontrarse teóricamente en tres situaciones diferentes. En primer lugar, si la adaptación al ambiente es imposible, el animal morirá o enfermará; en consecuencia, la mortalidad y la incidencia de enfermedades y lesiones causadas por el ambiente son indicadores de falta de bienestar. En el caso concreto del vacuno de carne en cebo intensivo, las principales enfermedades y lesiones causadas por el ambiente –o que, al menos, tienen una etiología multifactorial- son las enfermedades respiratorias, las cojeras, la necrosis de la cola, la acidosis metabólica y las diarreas.

En segundo lugar, la adaptación al ambiente puede ser posible pero suponer un coste biológico importante para el animal. Dicho coste es consecuencia normalmente de dos factores: (1) una respuesta de estrés intensa o duradera que afecta negativamente al crecimiento, reproducción o sistema inmunitario (Broom & Jonson, 1993) o (2) conductas anormales tales como estereotipias o conductas redirigidas.

La respuesta de estrés se desencadena en situaciones que el animal percibe como una amenaza y se inicia con un aumento en la secreción de CRH, que es una hormona producida por el hipotálamo (Dunn & Berridge, 1990). Además de otras muchas acciones, la CHR actúa estimulando la liberación de hormona adrenocorticotropa (ACTH) por parte de la adenohipófisis (Oliverio, 1987). A su vez, la ACTH estimula la secreción de glucocorticoides –especialmente el cortisol en el caso de los mamíferos domésticos- por parte de la corteza adrenal (Guyton 1992, capítulo 77).

Las estereotipias se definen como conductas repetitivas, invariables y sin función aparente. Las estereotipias no se han descrito nunca en animales en libertad y suelen aparecer en ambientes poco adecuados. Además, las estereotipias tienen frecuentes efectos adversos sobre la salud y la productividad; por lo tanto, son indicadores importantes de falta de bienestar (Broom & Jonson, 1993). En los terneros, las estereotipias más comunes son orales y consisten, por ejemplo, en movimientos repetitivos de la lengua. Las conductas redirigidas son conductas propias de la especie pero dirigidas hacia un estímulo distinto del habitual (Broom & Jonson, 1993). La conducta redirigida más importante en terneros consiste en chupar diferentes partes del cuerpo de otro ternero como si el animal estuviera mamando. Las conductas redirigidas son también indicadores útiles del grado de adaptación al ambiente, especialmente en aquellos casos en que la conducta redirigida causa lesiones al animal que la realiza o a otros animales. Otros cambios de conducta que tienen interés como indicadores de bienestar son la disminución en el consumo de alimento y la inhibición de la conducta de rumia.
En tercer lugar, un animal puede encontrarse en un ambiente adecuado en el que la adaptación sea no solo posible sino también fácil, de modo que no suponga ningún coste biológico para el animal. En este caso el bienestar del animal sería satisfactorio.

En el caso concreto de los problemas de bienestar durante el transporte y el manejo previo al sacrificio, la calidad de la carne resulta también un parámetro importante. En efecto, la calidad de la carne se ve afectada de forma muy marcada por el estrés que sufre el animal y, por lo tanto, una carne de poca calidad puede considerarse un indicador de falta de bienestar. Existen dos alteraciones principales de la calidad de la carne: las carnes DFD y las carnes PSE se han descrito únicamente en el ganado porcino y, por lo tanto, no se tratarán aquí. Las carnes de tipo DFD (del inglés, Dark, firm, Dry) se caracterizan por un pH final superior al normal. La causa principal de este tipo de carne es una marcada reducción de reservas de glucógeno antes del sacrificio. Dicha reducción disminuye la formación de ácido láctico, necesario para alcanzar un pH normal. La carne aparece entonces más seca y oscura, y menos tierna. Esta situación es característica de animales que han sido sometidos a estrés, ejercicio físico o ayuno durante periodos prolongados antes del sacrificio (Tarrant, 1981).



La carne DFD ha sido descrita –entre otras- en la especie bovina (Hood & Tarrant, 1980) y se conoce también como ‘carne de corte oscuro’ (Dark cutting beef). En la Figura I se pueden observar las variaciones de pH en carnes normales, y de los tipos PSE y DFD.

3. Importancia del bienestar
Además de consideraciones de tipo ético, legal y de mercado, el bienestar es impotante porque muy a menudo una falta de bienestar tiene consecuencias negativas sobre la producción y la sanidad. Estas consecuencias pueden agruparse en tres categorías distintas:

• EFECTO SOBRE LA INGESTA DE ALIMENTO Y EL CRECIMIENTO. Existe una amplia bibliografía referente a la pérdida de peso o la disminución del crecimiento provocados por la respuesta de estrés (Philips et al., 1986; McGlone et al., 1993; Crockram et al., 1996).
Estos efectos son consecuencia de los siguientes mecanismos:

1. EL INCREMENTO DE LA CONCENTRACIÓN DE GLUCORTICOIDES ESTIMULA EL METABOLISMO PROTEICO (GUYTON, 1992, CAPÍTULO 77). Además, un aumento prolongado en la liberación de glucocorticoides tiene un efecto inhibidor sobre la secreción de la hormona de crecimiento (Burguera et al., 1990).

2. LA CRH INHIBE LA INGESTIÓN DE ALIMENTO (MORLEY & LEVINE, 1982).
• EFECTOS SOBRE LA RUMIA. La rumia tiene dos funciones principales. Por un lado, aumenta el aprovechamiento de los nutrientes y, por otro lado, permite la producción de grandes cantidades de saliva que contribuyen a amortiguar el pH del rumen y, por lo tanto, disminuir el riesgo de acidosis. Al igual que ocurre con la ingestión de alimento, la conducta de rumia es muy sensible a las situaciones de estrés. En efecto, en el ganado vacuno y en los rumiantes en general existe una relación inversa entre el tiempo dedicado a la rumia y el tiempo dedicado a dormir; además, durante los episodios de rumia los animales suelen mostrar un estado de somnolencia. Así pues, es muy probable que la rumia comparta algunas de las características del sueño y esto explicaría que sea tan sensible a situaciones de estrés o incomodidad (Ruckebush & Bueno, 1970).

• EFECTOS SOBRE EL SISTEMA INMUNITARIO Y LA SANIDAD. Aunque la relación entre el estrés y la función del sistema inmunitario es muy compleja, existen evidencias tanto clínicas como experimentales en ganado vacuno que demuestran que un estrés intenso y/o duradero aumenta la incidencia de algunas enfermedades infecciosas, muy especialmente de tipo respiratorio ( Roth, 1985).



4. Relación entre bienestar y rendimiento económico
En general, un aumento en el grado de bienestar conlleva un aumento en la productividad. La relación entre bienestar y productividad no es, sin embargo, lineal. En efecto, cuando la situación inicial es muy mala, un aumento relativamente pequeño en el bienestar del animal supone un aumento considerable en su productividad. Conforme la situación mejora, un aumento similar en el bienestar del animal supone un aumento muy pequeño de productividad.

Por otra parte, aumentar el bienestar de los animales supone normalmente un aumento en los costes de la explotación. La magnitud de este coste es muy variable y depende entre otras cosas del cambio que quiera realizarse, de la situación particular de cada país y del punto de partida en relación al bienestar de los animales; en general, conforme mejor es la situación de partida, más caro resulta mejorarla. El resultado de todas estas consideraciones es que la relación entre bienestar y rendimiento económico es variable, aunque en general tiene una forma de “U” invertida; es decir, un aumento del bienestar supone en principio u aumento del rendimiento económico, mientras que más allá de un determinado nivel de bienestar, el rendimiento económico disminuye. Por lo tanto, es imprescindible asumir que si bien en muchos casos un aumento del bienestar puede suponer un aumento del rendimiento económico, en algunas situaciones puede ocurrir lo contrario.

Esta relación compleja entre el grado de bienestar y el rendimiento económico de la explotación ha sido bien estudiada en el caso de los terneros en relación al espacio disponible por animal. En efecto, si bien la ganancia diaria de peso aumenta conforme se incrementa dicha disponibilidad, el rendimiento económico de la explotación aumenta sólo hasta cierto punto y empieza a disminuir a partir de una cierta disponibilidad de espacio por ternero. Esto es debido a que –a partir de dicha disponibilidad de espacio-, el aumento de los gastos no se ve compensado por el aumento del crecimiento (Madsen et al., 1987).

5. Situación actual y perspectivas de cambio en la legislación europea sobre bienestar animal de bovino de carne
Actualmente existe legislación europea sobre explotaciones de terneros de hasta 6 meses de edad y sobre transporte y sacrificio de animales de abasto, incluyendo bovino de carne. Por otra parte, el Comité Científico Veterinario ha elaborado informes sobre el bienestar en explotaciones de terneros de más de 6 meses y sobre el transporte, y es muy probable que en un futuro próximo estos informes den lugar, respectivamente, a una nueva directiva sobre explotaciones de terneros de más de 6 meses y a una modificación de la actual directiva sobre transporte. A continuación discutiremos los principales aspectos de la legislación actual y de los cambios que pueden producirse en un futuro próximo.

5.1 Terneros de hasta 6 meses
La legislación europea sobre bienestar de terneros de hasta 6 meses de edad está recogida en la directiva 91/629 relativa a las normas mínimas para la protección de terneros y en sus modificaciones de 20 de enero de 1997(97/2) y de 24 de febrero de 1997 (97/182). El aspecto más importante de la legislación es el sistema de alojamiento de los animales.

Los terneros pueden alojarse individualmente o en grupo y durante mucho tiempo se ha discutido cuál de las dos formas es más recomendable desde el punto de vista del bienestar de los animales. Tal como hemos dicho antes, el bienestar puede medirse de forma objetiva utilizando una combinación de indicadores fisiológicos, de conducta y sanitarios. Al utilizar estos indicadores para comparar ambos sistemas de alojamiento de terneros, se obtienen las siguientes conclusiones (SVC, 1995):

• Aunque no existen diferencias entre ambos sistemas en cuanto a la incidencia de enfermedades respiratorias, los terneros alojados en grupo presentan una mayor incidencia de diarreas que los terneros alojados individualmente. Además, un estudio realizado en Holanda con un número muy elevado de terneros concluyó que los gastos veterinarios son más elevados en las explotaciones en las que los terneros se alojan en grupo.

• Los terneros lactantes en grupo muestran una conducta redirigida consistente en chupar partes del cuerpo de otros terneros. Además de indicar un problema de bienestar, esta conducta puede dar lugar a obstrucciones del tubo digestivo. Lógicamente, este problema no aparece en terneros alojados individualmente. Es necesario tener en cuenta, no obstante, que la causa de dicha conducta –que se discutirá en la cuarta sesión- sigue estando presente en los terneros alojados individualmente.

• Los terneros alojados individualmente muestran una mayor incidencia de estereotipias que los terneros alojados en grupo.

• Los terneros alojados individualmente durante la lactación tienen problemas de adaptación cuando se alojan en grupo después del destete, especialmente si se alojan con animales que habían estado en grupo durante el período de lactancia.

• Los terneros alojados individualmente muestran evidencias de una mayor actividad adrenal, que sería indicativa de un mayor grado de estrés crónico.



Tal como puede observarse, la evidencia disponible hasta el momento no permite llegar a una conclusión clara: aunque el sistema de alojamiento en grupo parece mejor cuando se consideran los indicadores fisiológicos y algunos indicadores de conducta, los indicadores relacionados con el estado sanitario de los animales conducen a la conclusión opuesta. Tal vez por esto, la Unión Europea permite ambos sistemas de alojamiento hasta las 8 semanas de edad. No obstante, cuando se utiliza el alojamiento individual, deben cumplirse dos requisitos: (1) la anchura del box donde se aloja el ternero debe ser igual como mínimo a la altura del animal hasta la cruz y la longitud debe ser igual por lo menos a la longitud del ternero medida desde la punta de la nariz hasta el extremo caudal del isquion y multiplicada por 1,1 y (2) los terneros deben poder mantener contacto táctil y visual unos con otros. En efecto, los terneros –a diferencia de los animales que ya son rumiantes– descansan a menudo en decúbito lateral con las patas extendidas. Además, existen evidencias de que el contacto visual y táctil con otros terneros tiene efectos beneficiosos sobre el bienestar de los terneros alojados individualmente (SVC, 1995). Cuando se alojan en grupo, el espacio por animal debe ser igual, por lo menos, a 1,5 m2 para cada ternero de entre 150 y 220 Kg. y de 1,8 m2 para cada ternero de más de 220 kg. En cualquier caso, está prohibido mantener atados a los terneros, excepto en el caso de los alojados en grupo, que podrán ser atados durante períodos de hasta una hora durante el suministro de producto sustitutivo de la leche.

5.2. Terneros de más de 6 meses
El informe del Comité Científico Veterinario hace una serie de recomendaciones que muy probablemente darán lugar a una nueva directiva. Entre dichas recomendaciones destacan las que hacen referencia al tipo de suelo, la densidad máxima de animales y las mutilaciones (SCAHAW, 2001).

TIPO DE SUELO
Se recomienda la prohibición del suelo de slats en toda la superficie del corral. El tipo de suelo tiene una extraordinaria importancia sobre el bienestar de los animales. La mayoría de estudios al respecto han comparado el suelo de slats con el suelo de paja. La conclusión de dichos estudios es que el suelo de slats aumenta el riesgo de cojeras en relación al suelo de paja; además, el comportamiento de reposo de los animales se ve alterado en el suelo de slats, de forma que el tiempo de reposo disminuye. Estas evidencias permiten concluir que el suelo de paja es preferible a los slats desde el punto de vista del bienestar de los animales (SCAHAW, 2001). Sea como fuere, si en una explotación se opta por el suelo parcial de slats, es importante respetar las recomendaciones existentes sobre la anchura mínima de los slats y la separación máxima entre ellos (Sainsbury and Sainsbury, 1988; ver tabla III).

DENSIDAD MÁXIMA DE ANIMALES
La relación entre la densidad y el bienestar y el rendimiento económico ya ha sido discutida. El Comité Científico Veterinario ha recomendado que se establezca un espacio mínimo por animal de 2.5 m2 para animales de 400 Kg., 3 m2 para animales de 500 Kg., 3.5 m2 para animales de 600 Kg., 4 m2 para animales de 700 Kg. y 4.5 m2 para animales de 800 Kg. (SCAHAW, 2001).

MUTILACIONES
Las dos principales mutilaciones que se llevan a cabo en terneros son la eliminación de los cuernos (desmochado o descornado, según la edad) y el corte de cola. La eliminación de los cuernos es recomendable tanto desde el punto de vista de seguridad del personal de la granja, como de bienestar animal y calidad del producto. En efecto, los animales con cuernos tienen un espacio individual mayor que los animales sin cuernos. Dicho de otra manera, la distancia a partir la cual un ternero se muestra agresivo con otro ternero que se le ha acercado es mayor si los animales tienen cuernos que si no los tienen (Metzand Wierenga, 1987). Por lo tanto, los animales sin cuernos son más adecuados que los animales con cuernos si se pretende reducir el estrés social. Además, la presencia de cuernos puede aumentar los daños en la canal. Una vez dicho esto, sin embargo, es necesario hacer algunas consideraciones sobre el método utilizado para eliminar los cuernos. En efecto, el corte de cuernos mediante un cable metálico sin anestesia ni analgesia debe considerarse una práctica extremadamente dolorosa y muy difícilmente justificable desde el punto de vista ético. Existe varios estudios que demuestran que dicha práctica da lugar a una respuesta de estrés muy intensa en los animales, lo que por otra parte no resulta en absoluto sorprendente si tenemos en cuenta que se trata de una acción comparable a la sección de un brazo o una pierna en un ser humano consciente (Mellor and Stafford, 1999). La respuesta de estrés causada por esta práctica tiene muy probablemente efectos negativos sobre la productividad de los animales, especialmente si el descornado coincide con otros factores de estrés. Existen dos alternativas recomendables tanto desde el punto de visto del bienestar de los animales como de su productividad: el desmochado con anestesia local-que puede realizarse hasta que los animales tienen unos 10 días de vida- o, en los casos en los que el ganadero adquiere animales de más edad con cuernos, la amputación quirúrgica con una combinación de anestesia local y tratamiento analgésico sistémico. Es importante tener en cuenta que el desmochado sin anestesia resulta también estresante para el animal. En la tabla II aparece una comparación de los diferentes sistemas que pueden utilizarse para eliminar los cuernos desde el punto de vista del bienestar del animal, teniendo en cuenta parámetros fisiológicos y de conducta indicativos de dolor (SCAHAW, 2001).



El corte de cola se realiza normalmente para prevenirla necrosis del extremo de la cola. El corte de cola podría tener –al menos teóricamente- dos consecuencias negativas: el dolor causado por la propia amputación y la disminución de la capacidad del animal para repeler las moscas. En relación al dolor, la evidencia experimental disponible hasta la fecha parece indicar que el dolor agudo causado por el corte de cola es poco intenso y dura muy poco tiempo, por lo que aparentemente no constituiría un problema grave. Existe sin embargo la posibilidad de que la amputación de la cola cause dolor crónico. Ciertamente, este extremo no ha sido nunca demostrado en el ganado vacuno, aunque también es cierto que jamás se han realizado experimentos que tuvieran como objetivo demostrar o refutar la existencia de dolor crónico en terneros o vacas a los que se hubiera amputado la cola. Por otra parte, la amputación de la cola da lugar a la foración de neuronas en otras muchas especies y, según parece, dichas neuronas causan dolor crónico que puede prolongarse durante toda la vida del animal. Así pues, aunque tal como hemos dicho no disponemos de información concluyente al respecto, no puede descartarse la posibilidad de que el corte de cola en terneros resulte en dolor crónico (Stull et al., 2002).

La otra posible consecuencia negativa del corte de cola ha sido más estudiada en el ganado vacuno. Aunque dichos estudios se han realizado sobre todo en vacas de leche, creemos que sus resultados son aplicables también a los terneros. De acuerdo con estos estudios, las vacas a las que se les ha amputado la cola tienen en su superficie corporal un número de moscas significativamente mayor que las vacas que tienen la cola intacta. Si tenemos en cuenta que las moscas son un problema no solamente de bienestar sino también productivo –puesto que, entre otros efectos, el estrés causado por las moscas interfiere en la conducta de la ingesta y de rumia–, esta consecuencia no puede tomarse a la ligera. En resumen, por lo tanto, teniendo en cuenta toda la evidencia disponible hasta el momento, parece razonable concluir que el corte de cola es una práctica desaconsejable tanto desde el punto de vista económico como de bienestar animal (Stull et al., 2002). Por otra parte, no hay que olvidar que la necrosis de la cola puede –y debería- prevenirse con una densidad y un tipo de suelo adecuados (SCAHAW, 2001).

El Comité Científico Veterinario recomienda regular de forma estricta las mutilaciones, aconsejando la prohibición de corte de cola y del descornado, que debería sustituirse por el desmochado siempre que fuera posible. Cuando no hubiera más remedio que descornar a los animales, debería utilizarse anestesia local y analgesia (SCAHAW 2001).

5.3 Transporte
El transporte es estresante para los animales y, además de tener en muchos casos un efecto negativo sobre su bienestar, puede causar una disminución de la calidad de la carne y el rendimiento a la canal. La legislación comunitaria sobre transporte actualmente en vigor (Directiva 91/628 CEE, de 19 de noviembre de 1991, sobre la protección de los animales durante el transporte y Directiva 95/29/CE de 29 de junio de 1995 por la que se modifica la anterior) es especialmente polémica porque establece duraciones máximas del transporte y, en el caso de que el transporte tuviera una duración superior al máximo establecido, se indica la obligatoriedad de descargar a los animales y suministrarles agua y alimento durante un período de descanso de 24 horas en áreas especialmente habilitadas para ello. La descarga de los animales –y su consiguiente carga tras el descanso- no solamente resulta muy estresante para los animales, sino que puede contribuir a la transmisión de enfermedades infecciosas (SCAHAW, 2002). Por esta razón, el informe del Comité Científico Veterinario que muy probablemente dará lugar a una nueva directiva indica que en ningún caso debe procederse a descargar a los animales y que, para llevar a cabo transportes largos, los vehículos deben estar acondicionados de modo que sea posible suministrar alimento y agua a los animales en el mismo vehículo durante las paradas. En el caso del bovino de carne, se considera que un viaje es “largo” y por lo tanto requiere una parada durante la cual los animales deben ser alimentados y abrevados en el vehículo, cuando la duración del viaje es superior a 8 horas para animales de hasta 6 meses de edad y 12 horas para animales de más de 6 meses de edad. Las paradas de descanso deben tener una duración mínima de 6 horas. La densidad máxima de carga en el camión también depende de la duración esperada del viaje. Así, por ejemplo, para animales de 500 Kg., se recomienda establecer un espacio mínimo de 1,35 m2 por animal para viajes que no requieran parada y de 2,03 m2 por animal para viajes que si requieran parada (SCAHAW, 2002).

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