¿Por qué y para qué vacunamos al cachorro?


Ahmed Addalí Álvarez
Veterinario Responsable Servicio técnico. Animales de Compañía. 
Laboratorios Intervet S.A.




La primera visita del cachorro a la clínica es un momento crucial en la vida de la mascota y nuestra misión es asegurarnos de que es capaz de afrontar las principales enfermedades que les afectan en esta etapa inicial. Después de una revisión completa al cachorro, debemos ponernos manos a la obra y desarrollar una estrategia para defenderle de dos grandes problemas: los parásitos y los virus/bacterias.



Ciertamente para conseguir una buena inmunización debemos previamente conseguir una buena desparasitación. Los animales con grandes infestaciones de parásitos responden mal a la vacunación ¿Por qué? Por dos sencillas razones: el parásito hiperestimula el sistema inmunológico del animal desviando la respuesta vacunal y además provoca una disminución en la asimilación de nutrientes tales como las proteínas, que son la materia prima de los anticuerpos (o inmunoglobulinas).

Una vez desparasitada la mascota, debemos plantearnos algunas cuestiones: cuándo debemos comenzar a vacunar, frente a qué enfermedades, qué recomendaciones debemos hacer al dueño y un largo etcétera.


Los primeros días de vida del cachorro

Pero antes de desarrollar un plan vacunal y explicar las razones por las que lo aplicamos, debemos echar un vistazo a lo que sucede en los primeros días de vida del cachorro:

- La mayoría de los anticuerpos maternales en la especie canina se transmiten al cachorro a través del calostro (alrededor del 90%) y el resto vía transplacentaria (un 10%), al contrario que lo que sucede en los humanos. Es decir, gran parte de la protección en las primeras fases de vida se basa en la calidad/cantidad de anticuerpos, normalmente IgG´s, que los cachorros sean capaces de asimilar. Los cachorros nacen con un “reflejo de succión” innato muy desarrollado que les hace ir directamente a la mama para adquirir estos nutrientes y anticuerpos. Estas primeras 48-72 horas son cruciales, ya que las características del intestino del cachorro les hacen especialmente permeables a los anticuerpos que la madre les transmite a través del calostro. Con el paso del tiempo las células intestinales “se cierran” a la entrada de dichos anticuerpos.



- El cachorro toma y asimila una cantidad determinada de anticuerpos maternales específicos frente a las diferentes enfermedades contra las que su madre está inmunizada (sabemos que algunos cachorros maman más cantidad que otros). Desgraciadamente la vida media de estos “protectores” es relativamente corta; en el plazo de un tiempo variable (dependiendo de la cantidad de anticuerpos asimilados) acaba por desaparecer, haciendo así susceptible al cachorro a las enfermedades más comunes. Entonces ¿cuál es el problema? El problema se debe a que estos anticuerpos maternales no solamente protegen contra la enfermedad sino que también son capaces de interferir con la vacunación y así neutralizarla. Piensa que una vacuna es algo similar al microorganismo patógeno pero procesado para que no produzca la enfermedad.

- La solución más fácil entonces para vacunar sería medir dichos anticuerpos maternales cada cierto tiempo y elegir el momento adecuado para comenzar la vacunación. Sin embargo, debido al alto coste que esto supondría, su aplicación clínica no es todavía viable, así que debemos calcular de forma global la edad ideal para comenzar a vacunar mediante la probabilidad.


¿Qué es una vacuna? 

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué es una vacuna. Una vacuna es un producto biológico que estimula el sistema inmune de un animal frente a un agente específico en condiciones controladas, es decir, estimula de forma similar al agente agresor aunque son incapaces de producir la enfermedad.


¿Qué es una vacuna muerta y una viva?

Es decir, ¿qué diferencia una vacuna atenuada (viva) de una inactivada (muerta)? Además de lo obvio, una sola dosis de una vacuna viva en ausencia de anticuerpos maternales es suficiente para inmunizar al animal (ya que ésta se replica localmente) mientras que generalmente necesitamos dos dosis para crear una buena inmunización en el caso de las inactivadas. Por lo tanto, primero debemos determinar, qué tipo de vacunas vamos a aplicar y en consecuencia cuándo es el momento óptimo para ello. 


¿Qué enfermedades son más frecuentes?

Las enfermedades consideradas como habituales a la hora de proteger a un cachorro son: 

- Moquillo
- Parvovirosis
- Hepatitis

y dependiendo del criterio del veterinario también Parainfluenza y Leptospirosis.



La protección frente a la traqueobronquitis infecciosa es importante en las primeras fases de vida debido a la posible complicación de este complejo multifactorial respiratorio. Además, a pesar de que España es un país libre de rabia, la vacunación sigue siendo obligatoria, dependiendo de cada comunidad autónoma y sus leyes al respecto.
Bien, hasta el momento tenemos todo casi a punto: por un lado existen las denominadas vacunas polivalentes que tienen la capacidad de inmunizar frente a varias enfermedades en una sola inyección con eficacias similares a las que producirían si se inyectase cada componente de forma aislada y por otro lado, también existe una vacuna intranasal que no interfiere con la inmunidad maternal, lo que nos permite aplicarla en cualquier fase de la vida del cachorro (a partir de las 3 semanas de vida); como es el caso de la vacuna intranasal frente a la traqueobronquitis infecciosa canina.


Conceptos básicos para configurar un protocolo vacunal

Para crear un buen protocolo vacunal debemos tener en cuenta: 

1º) Cuáles son las enfermedades de aparición más temprana.

2º) Cuál es la protección media que la madre suele conferir a los cachorros.

Evidentemente la respuesta a la primera pregunta es sencilla, la parvovirosis y el moquillo son las dos enfermedades contra las que primero hay que inmunizar, sin embargo, la protección media que la madre confiere a través del calostro es mucho más complicada de calcular.

Existen muchos factores que influyen tanto de forma positiva como negativa en la cantidad de anticuerpos maternales y su vida media en plasma: 

- historial inmunológico de la madre
- capacidad para secretar anticuerpos en el calostro
- cantidad de calostro ingerido por el cachorro
- capacidad de absorción de los anticuerpos, etc. 

Si todo esto es tan variable ¿qué podemos hacer? 
Muy sencillo, asumir el mínimo riesgo:

a) Si cogemos varios perros en varias circunstancias diferentes

b) observamos cuándo se comienza a perder la capacidad protectiva maternal

c) hacemos una media de estos valores

d) vemos además cuál es la edad crítica en la cual suelen aparecer las enfermedades

e) integramos todos los datos

Veremos que realizando una pauta de vacunación determinada, con una vacuna suficientemente inmunogénica, el riesgo es mínimo.

Antes de continuar, me gustaría aclarar un concepto muy importante a la hora de utilizar vacunas: una vacuna viva sólo necesitaría una dosis para conferir inmunidad mientras que una vacuna muerta necesitaría al menos dos dosis para ejercer el denominado “efecto booster” que incremente la respuesta inicial al antígeno.

Por esa misma razón, la primera vacuna debe tener titulaciones de antígeno superiores al resto de vacunas ya que debe esforzarse aún más para superar la capacidad neutralizante que tienen los anticuerpos maternales. Una vacuna con estas características sólo tiene sentido en las primeras semanas, después, cuando ya no hay presencia de anticuerpos maternales, no sería necesaria.




Comenzamos con nuestro protocolo vacunal

Muy bien, una vez aclarados algunos conceptos básicos vamos a echar un vistazo a lo que nos dicen los estudios: los cachorros procedentes de madres con una pauta de vacunación normal suelen estar protegidos con el calostro hasta aproximadamente las 6 primeras semanas de vida, por lo tanto debemos encontrar una vacuna que sea capaz de ser eficaz cuando la inmunidad maternal empieza a fracasar, pero además, que no sea neutralizada por estos niveles relativamente altos de anticuerpos. Justo a esta edad usaremos una vacuna con alta titulación antigénica que por las características de su cepa haya sido probada durante mucho tiempo (nos da referencias fiables de su seguridad) y sea muy efectiva. Existe una vacuna para este propósito que aplicaremos a todos los cachorros a las 6 semanas de edad.

Hemos de tener en cuenta que estamos jugando con estadísticas, recordad que he hablado de medias, es decir, algunos cachorros podrían haber recibido la vacuna antes (si supiésemos que tienen una tasa baja de anticuerpos maternales) y en otros deberíamos esperar (si todavía tuviesen la tasa de anticuerpos maternales muy alta). Aunque relativamente bajo, existe un porcentaje de cachorros que no han respondido a esta primera vacuna. Pero no hay por qué asustarse, normalmente siguen protegidos por los anticuerpos maternales.

Bien, digamos que hemos protegido al 60% de los cachorros con la vacuna específica a las 6 semanas, el otro 40% está protegido por los anticuerpos maternales pero no han respondido a la vacunación, por lo que si los dejásemos así, tarde o temprano serían susceptibles a la infección. Vamos entonces a ponerles otra vacuna… ¿cuándo? A las 2-3 semanas de la primera vacuna, existen estudios que demuestran que es tiempo suficiente como para permitir al sistema inmune responder a una segunda estimulación. 

El problema que tenemos ahora es que no sabemos cuántos ni qué cachorros en particular han respondido a la primera vacunación. La única forma de hacerlo sería haciendo un test serológico, que como ya he dicho, todavía no es suficientemente barato y rápido como para poder hacerse en la clínica diaria. Así que para cubrirnos las espaldas volvemos a vacunar a todos los cachorros. Pero ahora ya abrimos el abanico de enfermedades, es decir, incluimos además de moquillo y parvovirus, hepatitis, parainfluenza y leptospirosis (la única inactivada), a la edad de 8-9 semanas de edad. Con la aplicación de la tercera vacuna también 2-3 semanas después pasa lo mismo, SÓLO con la tercera dosis sabremos que todos han respondido (dependiendo de la capacidad inmunógena de cada casa comercial por supuesto, y también, siempre que no se produzcan fallos vacunales tales como inmunodeficiencias congénitas, parasitismos, errores en la técnica de inyección, administración de supresores inmunológicos durante la inmunización, estrés…).
¿Esto qué nos dice? Dos cosas: 

- Una vacuna viva sólo necesita administrarse una vez para inmunizar al cachorro, y la razón de administrar tres inyecciones, como en el caso de la vacuna de parvovirus, es porque al desconocer el estado inmunitario del cachorro no sabemos exactamente cuál de las tres va a funcionar. Lo que sí sabemos es que si todo va bien la tercera vacuna le inmunizará (o ya lo habrá hecho la primera o la segunda). 

- El componente de leptospira, que como ya sabéis es una vacuna muerta o inactivada, necesita dos dosis para ejercer el efecto “booster” y así inmunizar propiamente contra este patógeno. Este caso es diferente, administramos dos dosis porque son necesarias. La vacuna de rabia se puede administrar unida al componente de leptospira, ya que existen vacunas que pueden incluir todas estas valencias en una sola inyección. Los protocolos de revacunación dependerán de las autoridades de cada comunidad o en su caso, de las indicaciones del fabricante.


¿Y cuando llegan cachorros mayores de 6 semanas?

Llegados a este punto, y aplicando la experiencia clínica, podemos encontrarnos frecuentemente con cachorros que nos vienen a la clínica con edades superiores a 6 semanas, y que por lo tanto deberán seguir un protocolo determinado: Aquí aplicaremos la lógica y por lo tanto, una vez examinado el cachorro para descartar enfermedad alguna (esa es otra de las premisas de la vacunación: siempre vacunar a animales sanos), procederemos a incluirle en la pauta vacunal, es decir, aplicaremos las vacunas que normalmente le deberían corresponder a su edad, pero no las que supuestamente no se le han puesto. Para entendernos mejor os pondré un ejemplo; si llega un perro con 8 semanas le pondré una vacuna polivalente y luego 2-3 semanas después la segunda y última. Si llega con 10-12 semanas sólo sería necesaria una vacuna polivalente (todas menos la leptospira son vacunas vivas que en ausencia ya de anticuerpos maternales ya responderían con una sola inyección). En el caso de la vacuna de leptospira siempre serían necesarias dos vacunas. La rabia se administraría a partir de los tres meses.


Recomendaciones para el cliente

Con estos conceptos bien claros el riesgo de infección de los cachorros antes de quedar inmunizados es mínimo, sin embargo, deberemos dejar bien claro a los clientes que no podrán sacar a su mascota a la calle o ponerles en contacto con otros animales hasta que no hayan terminado la pauta vacunal (y por lo tanto, hayan pasado 2-3 semanas desde la última vacuna para que sea efectiva).


Protocolo de “socialización temprana”: una alternativa muy interesante.

El protocolo de vacunación denominado de “socialización temprana” surge ante la necesidad de hacer que los cachorros puedan entrar en contacto con otros perros y el ambiente externo antes. Se sabe que la etapa de socialización es muy importante en el cachorro para poder evitar conductas agresivas. Vacunando a las 6, 8 y 10 semanas de vida permitimos que el cachorro pueda entrar en contacto con el resto de perros de forma más precoz, ya que a las 12 semanas de vida ya podría entrar en contacto con la enfermedad y estar protegido. Además tenemos la ventaja adicional de que el espacio entre vacunas se reduce, por lo que reducimos el riesgo si alguna de ellas no es efectiva.

Finalmente se revacunará al año de todas estas valencias y se propondrá una reunión al año siguiente. Me gustaría hacer especial hincapié en el tema de la entrevista con el dueño. Debemos dedicar entre 20 y 30 minutos al dueño explicando la razón por la que se vacuna a su mascota, las enfermedades y su gravedad, los protocolos individualizados, etc. Tenemos que hacer de la vacunación un tema en el que el propietario se involucre activamente. Por nuestra parte aportaremos nuestros conocimientos específicos para cada caso. 


Últimas tendencias en vacunación

Para terminar, me gustaría adelantar que las nuevas tendencias en vacunación tienden a espaciar las revacunaciones (cada 3 años) ya que los últimos estudios de duración de inmunidad demuestran que ciertas vacunas protegen durante más tiempo a las mascotas. Sin embargo, es muy importante la visita anual de la mascota a la clínica veterinaria para comprobar tanto el estado general de la mascota como su estado inmunológico. Creo firmemente que la inmunología y la vacunación son campos donde todavía nos queda mucho camino por andar, especialmente en su aplicación clínica. En verdad, la vacunación no resulta tan “sexy” como una cirugía o una osteosíntesis, ya que en este caso “no se ve nada”, y si se ve ¡mala señal! es que se ha producido un fallo vacunal o una reacción adversa. Por esa razón, y sobre todo, por el hecho de que gracias a la vacunación masiva de animales se ha logrado contener grandes pandemias caninas y felinas que en su tiempo acabaron con muchas de sus vidas, debemos esforzarnos en comprender y hacer entender el sentido y la necesidad de una buena inmunización, protegiendo no sólo a nuestras mascotas sino a todas en general.


Referencias:

Recent advances in canine infectious diseases. L. E. Carmichael
Canine vaccination. Greene CE, Schultz RD, Ford RB
Early socialisation of puppies: a potential lifesaver. Linda J. I. Horspool BVMS, PhD, DipECVPT, MRCVS
Pediatría Veterinaria. Perros y gatos desde el nacimiento hasta los 6 meses. J.D. Hoskins
Temas selectos de inmunología veterinaria. J.A. Montaño Hirose
Canine and Feline Vaccination. A Scientific Re-appraisal. Abstracts. Prague 2005.
Inmunología Veterinaria. Tizard I.R.